La doctora Carolina Macarrein, jueza de Familia, Niñez y Adolescencia N° 4 de la provincia de Corrientes, ordenó a un padre leer “El Principito” como parte de una medida destinada a que reflexione sobre su rol y su vínculo con sus hijos. Esto ocurrió en el marco de una petición de cese de la obligación de cuota alimentaria.
El peticionante había solicitado dejar de pagar la cuota alimentaria a su hija de 21 años alegando que tenía vencido el certificado que acredita su discapacidad. La magistrada rechazó el argumento y señaló que su actitud revelaba una “falta de empatía y de corazón” hacia sus hijos, uno de ellos con discapacidad y otro con problemas de salud.
“Ser padre no se limita a cumplir con una obligación económica; también implica acompañar, comprender y sostener emocionalmente a los hijos, especialmente cuando se encuentran en situación de vulnerabilidad”, destacó la jueza en su resolución.
Sin embargo, lo novedoso de la decisión estuvo marcado por la imposición de una medida pedagógica destinada a la reflexión y la empatía del rol del padre en su relación con los hijos. Así, dispuso que el hombre leyera la legendaria obra “El Principito” (1943) caracterizada por la transmisión de valores afectivos como el amor, la amistad y el cuidado de los vínculos. Además, el progenitor deberá presentarse en el juzgado para contar qué entendió del libro y qué enseñanza lleva de su lectura.
La sentencia, inédita en el país por el carácter de la medida pedagógica, busca que el padre tome conciencia del impacto que sus decisiones tienen en la vida de sus hijos.
El mensaje es claro: la responsabilidad parental no termina en lo económico; el compromiso afectivo es igual de importante.
“En este caso entendí que las obligaciones parentales no se cumplen solo con dinero, sino también con amor, comprensión y presencia. Por eso elegí que el padre leyera El Principito: para que recuerde que ‘lo esencial es invisible a los ojos’ y que lo esencial para sus hijos es su cuidado y afecto”, sostuvo la doctora Macarrein.
